Al llegar a la zona, lo primero que me llamó la atención no fueron los leones marinos, sino un pájaro blanco. El amiguito estaba parado en la barandilla de cristal transparente, mirando a los leones marinos junto a nosotros como si fuera un turista más. Me pareció fascinante que no le tuviera miedo a la gente.
El agua y las rocas estaban repletas de leones marinos. No sé si estaban jugando o peleando entre ellos, pero se gritaban con muchas ganas. De vez en cuando se tiraban juntos al agua; estaban pasando una tarde muy animada y caótica.
Al ver a uno de ellos en el borde de una roca, con la cabeza echada hacia atrás y gritando a todo pulmón, entendí de inmediato el porqué de tanto ruido. Con esos gritos, es normal que se escuchen desde tan lejos.
Después de ver a los animales, seguí caminando y empezó un desfile con música muy alegre. Como era la temporada de Navidad y Año Nuevo, el desfile tenía como temática a Papá Noel y sus elfos, así que se respiraba un ambiente muy festivo.
Me quedé un rato mirando a los elfos bailar alegremente. SeaWorld se siente como un Everland (parque temático coreano) al revés: el acuario es la atracción principal, y las montañas rusas y los desfiles son algo secundario.
Como soy una persona que no soporta las atracciones fuertes, solo de verlas se me encogió el corazón y ni de broma me subí a ninguna. Al ver la cantidad de carritos de bebé aparcados en la calle, me di cuenta de que había muchísimas familias viajando con niños. Si viajas en familia con niños, recomiendo muchísimo visitar este lugar. Está muy bien preparado para que viajar con los más pequeños sea bastante cómodo.
El siguiente lugar al que fuimos fue la zona de los manatíes, que son difíciles de ver, pero una morsa que apareció antes nos robó toda la atención. Se acercó al cristal y se quedó mirando a la gente mientras ponía caras y poses muy graciosas.
La forma en que nadaba boca arriba en el agua me dio la sensación de que era un comediante dando vueltas para hacernos reír. Por otro lado, la zona de los manatíes era fascinante, pero nadaban de forma muy silenciosa y tranquila, así que se me quedó grabado el contraste entre el encanto de ambos animales.
También pudimos ver a un animal enorme y completamente blanco pasando silenciosamente por el agua. Es muy divertido observar a animales tan exóticos nadando a través del cristal.
Por último, pasamos a la zona de los pingüinos. Como me suelen gustar mucho, pensé que sería divertido, pero fue más caótico de lo que esperaba y el espectáculo de los pingüinos tampoco tuvo nada de especial.