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La Jolla Cove: Ver focas de cerca en San Diego

2025-05-22 · Original (coreano)

Este artículo fue traducido del original en coreano con ayuda de IA. Los precios entre paréntesis son conversiones aproximadas. Leer el original en coreano →

 Después de comer, me fui a hacer más turismo. Un amigo me recomendó La Jolla, diciendo que era su lugar favorito en San Diego. Al llegar, vi el césped verde y el horizonte despejado; es uno de esos lugares que te ponen de buen humor nada más pisarlos. Me puse a pensar qué lugar en Corea sería similar a este, pero no se me ocurrió ningún parque marítimo que se le parezca.

El animal que hace de mascota aquí es la foca. Antes de ir, me habían dicho que podría ver no solo una o dos, sino manadas enteras de focas salvajes, así que fui con muchísimas ganas.


Hasta los más hogareños querrían salir de casa si vivieran aquí



Ver uno o dos pelícanos es bonito, pero verlos así en bandada da un poco de miedo



¡Cucú!





Me dijeron que hoy las olas estaban un poco fuertes, y el mar parecía tener una capa de crema blanca por encima. Antes de poder encontrar dónde estaban las focas, una ruidosa bandada de pelícanos pasó volando. Se agruparon un montón cerca de lo que parecía la entrada de una cueva buscando algo de comer, y al ser tantos, daban un poco de miedo. Además, había muchísimos excrementos, así que el olor era horrible y no era fácil acercarse.

Caminé un poco más y vi una roca plana repleta de focas. Debía ser la hora de la siesta, porque estaban todas relajadas tomando el sol. Para nosotros hacía un poco de frío, pero para ellas debía ser el día perfecto para descansar. Como era de esperar, olía bastante, pero al ser un espacio abierto no era tan insoportable.

Era la primera vez en mi vida que veía tantos animales salvajes juntos, así que estaba fascinado. Algunas focas, quizás curiosas por los humanos, se acercaron y hasta nos dieron tiempo para sacarles fotos.

Había algunas personas bañándose en el mar, pero sinceramente, más que nadar, parecía que estaban presumiendo de cuerpazo y disfrutando de las miradas. Gracias a eso, me alegré la vista, así que no me quejo.

Los niños pequeños salían corriendo hacia las focas porque les parecían lindas, pero al ser animales salvajes pueden ser agresivos. Cuando se chocan entre ellas retroceden enseguida, pero es mejor mantener a los niños cerca antes de que pase algo.

Si hubiera sido marzo en lugar de enero, habría sido ideal para hacer un picnic calentito y quedarse ahí sin pensar en absolutamente nada. Pero como hacía un poco de frío, me fui a una cafetería cercana para entrar en calor. Tampoco es que hiciera un frío polar, estábamos a unos 10 grados, pero como la temperatura subió un poco, llevaba ropa más fina y necesité calentarme.

De todos mis recuerdos en San Diego, este fue el día en el que mi cuerpo estuvo más relajado, aunque mis oídos terminaron aturdidos por el ruido de las focas.





¡Qué miras!